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Ignacio
Klich , Argentina de cara a la historia
¿Qué tienen en comun Ante Pavelic y Radislaw Ostrowsky? Líderes de regímenes pronazi ambos, en Croacia el primero y Bielorrusia el segundo, estos equivalentes de Adolf Hitler en los Balcanes y el Báltico han sido identificados por la Comisión para el Esclarecimiento de las Actividades del Nazismo en Argentina (CEANA) como los criminales de guerra nazis y colaboracionistas de mayor jerarquía que echaron raíces en el país, perennes en el caso de Ostrowsky.
En cuanto a su influencia, la CEANA
constató que el grupo de colaboracionistas latinos, constituido por publicistas
y académicos franco hablantes y otros, tuvo mayor ascendiente sobre la cultura
política argentina que su contraparte germana al poseer los primeros publicaciones
en castellano, incluida la revista Dinámica Social, y cátedras en universidades
nacionales y privadas. Sin pertenecer a la categoría criminal de guerra, el
hecho de que uno de ellos, el publicista del régimen de Vichy Alberto Falcionelli,
llegara a formar parte de la dirección del CONICET durante el gobierno
de facto más reciente (1976-1983) ilustra aquello que toda historia
es historia actual. Por lo demás, la importancia del grupo latino no significa
ignorar la relevancia del austríaco Osvaldo Menguin en la cátedra de antropología
de la UBA, cuyo papel fue estudiado por la CEANA, ni desconocer el hecho de
que quienes le adscribieron el sangriento atentado a la embajada israelí y/o
la AMIA a los hijos de Adolf Eichmann en base a algunas de sus aseveraciones
posteriores a la captura de su padre, carecen de elementos probatorios contundentes.
Aunque desoido por autores de diversos
bestsellers, Zvi Aharoni, líder del comando israelí que secuestró a Eichmann,
ya había alertado antes de la creación de la CEANA que tales afirmaciones
no debían tomarse al pie de la letra.
Por último, en lo referente a actuaciones dignas, no hay lugar a dudas que la Argentina, como casi todo el resto de América Latina y otros países, no se propuso una política de rescate de víctimas del Tercer Reich. En todo caso, las memorias de la Dirección de Migraciones de la época son claras en su creciente sesgo antirrefugiado y antijudío. Aún si ese ente oficial no fue el único protagonista, tampoco menudearon quienes desde el Servicio Exterior estuvieron recorridos por prejuicios antijudíos, independientemente de su filiación aliadófila o pro Eje, o que se esmeraron en demasía en el cumplimiento de su interpretación de las directivas de Buenos Aires. Tal es el caso, por ejemplo, de un cónsul general en La Paz, amonestado desde Buenos Aires por haberle cobrado a dos refugiados judíos cuatro veces el valor de una visa turista, que el cuestionado trató de explicar como su aporte personal a desalentar la inmigración de gente tal. Paralelamente a ello estuvieron quienes con prescindencia de consideraciones crematísticas hicieron una lectura diferente de las instrucciones y utilizaron el margen de maniobra que éstas dejaban en favor de los necesitados o hasta corrieron ciertos riesgos en pro de contados beneficiarios. Lo importante aquí es evitar hacer deducciones automáticas a partir de elementos biográficos incompletos. Considérese, por caso, al historiador y diplomático Roberto Levillier, al que algunos de sus pares del Servicio Exterior le adscriben un origen judío por el primer par de sílabas de su apellido: durante su gestión como ministro plenipotenciario en Varsovia, a fines de los años veinte, Levillier se mostró más favorable a la inmigración checa que la polaca, parcialidad interpretable como antijudía dado el número de judíos que conformaban esta última. En la década siguiente Levillier, al igual que otros con diversas afinidades políticas, respondió favorablemente a un llamamiento de la embajada del Tercer Reich para formar parte de una comisión de cooperación científica, respuesta que algunos han utilizado apresuradamente para deducir a partir de ella una filiación nazi o pro nazi que nadie le atriibuyó, por ejemplo, a Bernardo Houssay, el científico y ulterior premio Nobel, que también integró esa comisión. Siendo embajador en Montevideo en el decenio de 1940, Levillier fue denunciado a la Cancillería por su propio cónsul general al haberle otorgado un visado argentino a un matrimonio italiano que venía huyendo de las leyes raciales fascistas. El reconocimiento de tales matices es uno de los factores que ayudan a explicar que hasta 45.000 judíos hayan eludido el genocidio nazi en la Argentina entre los años de 1933 y 1945. Cifra insuperada por los demás Estados latinoamericanos, ésta no puede explicarse exclusivamente por arreglos informales, aún si la mitad de los beneficiarios aproximadamente no fue ajena a este resurso. Sin ser la solidaridad el único factor que facilitó su ingreso, nada al fin de cuentas es monocausal, ¿cómo entender si no que la documentación alemana revisada por la CEANA muestre a Eichmann catalogando a un cónsul argentino en Viena, Juan Giraldes, como “judeófilo”?
Parte de éstos y otros resultados
de la CEANA han sido difundidos por publicaciones académicas argentinas, y
otras locales y extranjeras por salir
[4]
. También, la CEANA ha estado dando a conocer sus trabajos
en eventos académicos argentinos y extranjeros. Su cometido prima facie no
estará cumplido, empero, hasta la salida del manual para el estudiante preuniversitario
y la guía para el docente que la Comisión encargó a varios historiadores argentinos.
Y, aún así, sería autocomplaciente proclamar que no hay necesidad
de hacer más, tanto en lo que a investigación se refiere como en lo atinente
a sus consecuencias prácticas.
[1] Ver Guido Di Tella y D.C. Watt (comps.), Argentina between the Great Powers, 1939-46, Londres, St. Antony's/Macmillan, 1989; Beatriz Gurevich y Carlos Escudé (comps.), El genocidio ante la historia y la naturaleza humana, Buenos Aires, GEL, 1994; Ignacio Klich y Mario Rapoport (comps.), Discriminación y racismo en América Latina, Buenos Aires, GEL, 1997.
[2] Ver Proyecto Testimonio, Buenos Aires, Planeta, 1998, 2 vols.; AA.VV., War Criminals and Nazism in Latin America: 50 Years Later, Washington, B'nai B'rith, 1998.
[3]
El
Panel Internacional incluía a Marcos Aguinis, Roberto Alemann, Edgar Bronfman,
Ralf Lord Dahrendorf, Torcuato Di Tella, Adolfo Gass, Richard Goldstone,
David Harris, Richard Heideman, Greville Lord Janner, Walter Laqueur, Sol
Littman, Daniel Mariaschin, Mario Mariscotti, Hector Masnatta, Pastor José
Míguez Bonino, George Mosse (q.e.p.d./z'l), Padre John Pawlikowski, Jehudah
Reinharz, Seymour Rubin, Vittorio Segre, y Sir Sigmund Sternberg. Por su
parte, aquélla del Comité Asesor incorporaba al American Jewish Committee
(Jacobo Kovadloff), Anti-Defamation League (Rabino León Klenicki), Asamblea
Permanente por los Derechos Humanos, AMIA (Noé Davidovich), Banco Central
de la República Argentina, B'nai B'rith Argentina (Samuel Kaplan), Centro
de Estudios Legales y Sociales (Martín Abregú), Centro Simon Wiesenthal
(Sergio Widder), Confraternidad Argentina Judeo Cristiana (Hermana Marta
Bauchwitz), CJL (Manuel Tenenbaum), DAIA (Mario Feferbaum), Fundación Konrad
Adenauer (Dieter Benecke), Instituto Nacional contra la Discriminación (Enrique
Oteiza), Todo es Historia (Emilio Perina, q.e.p.d./z'l). A su turno,
el Comité Académico estuvo presidido por Manuel Mora y Araujo, con Ronald
Newton y Robert Potash como vicepresidentes, e Ignacio Klich como coordinador
académico, contándose como investigadores senior, co-investigadores
y asistentes de investigación a María Inés Barbero, Daniel Bargman, Carolina
Biernat, Edith Blaschitz, Fabián Brown, Cristian Buchrucker, Inés Calceglia,
Christel Converse, Khatchik Der Ghougasian, Fernando Devoto, Carolina Dones,
Alejandro Fernández, Abelardo Figueroa, Jorge Gilbert, Adela Harispuru,
Carlota Jackisch, Gladys Jozami, Fabián Luedueña, Daniel Lvovich, Daniel
Mastromauro, Vanesa Mazú, Holger Meding, Juergen Mueller, Andrés Musacchio,
Mario Nascimbene, Angel Miguel Navarro, Diana Quattrocchi-Woisson, Víctor
Peralta Ruiz, Andrea Pochak, Mónica Quijada, Mario Rapoport, Andrés Regalsky,
Dennis Reinhartz, Celso Rodríguez (q.e.p.d.), Luis Alberto Romero, Roberto
Russell, Daniel Sabsay, Matteo Sanfilippo, Daniel Sazbón, Leonardo Senkman,
Saúl Sosnowski, María Inés Tato, Juan Gabriel Tokatlian, Fabiana Tolcachier
y Theresa Alfaro Velcamp, entre otros.
[4]
Entre éstas se cuenta Estudios Migratorios Latinoamericanos (EML), año 14, N°43,
1999 (reeditado en el 2001); Ciclos, año 10, N°19, 2000; Ignacio
Klich (comp.), Sobre nazis y nazismo en la cultura argentina, Gaithersburg
(en prensa). El quehacer de la CEANA también fue difundido por la revista
intelectual británica Jewish Quarterly, primavera 1999; e impulsó a un periodista del matutino italiano
La Repubblica a escribir un libro. Ver Giovanni Maria Pace, La
Via dei Demoni. La fuga in Sudamerica dei criminali nazisti: segreti, complicità,
silenzi, Milán, Sperling & Kupfer, 2000.